El poder de las relaciones auténticas y sinceras

Rob LancasterRob Lancaster Rob Lancaster de Canberra, Australia, ha estado acompañando a Rajmohan Gandhi en su Viaje de Diálogo y Descubrimiento. Su visita a Indonesia coincidió con la histórica visita del presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, al Parlamento de Australia, marcando una nueva fase en la relación entre los dos países.

La importancia de Indonesia es evidente. El papel que juega un país de tal magnitud, será muy influyente en la dinámica de los asuntos mundiales. Hablando como un australiano, la presencia de Indonesia es muy urgente, especialmente por su estrecha asociación con el molesto y, con frecuencia políticamente explotado, asunto de los “boat people” (migrantes que huyen de su país por razones políticas o económicas en embarcaciones improvisadas). Sin embargo, al mismo tiempo, la relación sigue siendo muy distante - ¿cuánto realmente sabemos sobre nuestro vecino más cercano?

Aunque me interesan mucho las elucubraciones intelectuales, por mis propósitos actuales, estoy menos preocupado por el ángulo académico de las relaciones internacionales, y más interesado en un par de puntos anecdóticos interesantes desde el poco tiempo que llevo aquí.

La sinceridad y autenticidad son dos palabras que han surgido en varias ocasiones en los últimos días, sobre todo en referencia a varios de los jóvenes indonesios que han compartido desde sus propias experiencias en las diferentes reuniones que hemos tenido. No es particularmente frecuente encontrar personas que hablen con convicción y humildad de sus propios desaciertos y desafíos. Hay una renuencia general a hacernos vulnerables ante los demás, en este tonto juego cuando todos pretendemos o fingimos que la vida es buena y que estamos todos muy bien equilibrados, que somos almas independientes y bien adaptadas. Una joven estudiante en la conferencia del miércoles en la Universidad Islámica Estatal en Yakarta, preguntó a Rajmohan cómo, a pesar de todo el dolor y el sufrimiento que va de la mano, con mucho, de la experiencia humana (para algunos mucho más que para otros), se espera que mantengamos arriba nuestro espíritu. Su respuesta fue que son estas mismas experiencias, las que van a nuestro sentido de humanidad en su sentido más profundo, y que puede convertirse en un "bálsamo para los demás", si estamos dispuestos a compartirlos.

Esta es una propuesta interesante, y sin duda una propuesta que puede ser impugnada en círculos donde el intercambio de experiencias personales se considera gratuito, en el mejor de los casos, y francamente inadecuado en el peor de ellos. Sospecho que esto sería el punto de vista de muchos liberales en Australia, y sé que está cada vez más arraigada en la cultura de algunas partes en Europa Occidental, donde la brecha entre lo público y privado (una dicotomía, posiblemente falsa, en cualquier caso) es cada vez más enfatizada.

No estoy, de ninguna manera, defendiendo el derrame espontáneo y totalmente irreflexivo del dolor, sino que sugiero, más bien, que quizás en algunas de nuestras sociedades actuales está casi completamente erradicado cualquier espacio natural para el intercambio de las revueltas más profundas del espíritu, no como un debate intelectual, o filosofía de aficionado (o profesional, para este caso), pero como una muy real - y muy humana - lucha por cuestiones de la vida que nos preocupan a todos.

En la reunión el jueves en la Universidad Islámica Estatal, dos estudiantes compartieron en un abarrotado salón de conferencias, precisamente de esta manera –los retos y, sobre todo, las respuestas a los conflictos en sus vidas, especialmente en el contexto de la familia. El compartir posiblemente no era necesario (aunque difícil argumentar que era menos necesario que la mayoría de las banalidades sobre las cuales a menudo pasamos el tiempo discutiendo), fue tal vez imprudente, y ciertamente podría conllevar algún riesgo. Sin embargo, al mismo tiempo ofrece a todos una idea de la más cruda realidad de sus vidas. Y, en estos casos, comparten con la gente la posibilidad de seguir avanzando aún en medio de los conflictos. Tampoco fue una historia complicada en particular. Tampoco fue especialmente sorprendente. Pero cada uno fue muy impresionante, por el atrevimiento de compartir de manera directa, por la honestidad, por el valor de cada uno en reconocer su propio papel en el conflicto, y por la sabiduría que habían encontrado para determinar una salida en medio del conflicto.

Una convicción humilde, la sencillez y autenticidad que capturó la atención de la multitud, y demostró la profundidad de liderazgo que Indonesia tiene para ofrecer.

(Rob Lancaster se crió en Australia, pero desde que salió de la escuela ha pasado largas temporadas en Europa y la India. Graduado de la Universidad Nacional de Australia con un Bachillerato en Artes (Relaciones Internacionales / Francés) (con honores) y una licenciatura en Derecho (con honores), su interés académico principal es, en teoría cosmopolita, que se ocupa de las relaciones entre los diferentes grupos de personas, especialmente a través de las fronteras nacionales. Está especialmente interesado en explorar el potencial de una nueva ética en el liderazgo político y social.)

NOTA: Individuos de varias culturas, nacionalidades, religiones y credos, están activamente involucrados con Iniciativas de Cambio. Estos editoriales representan los puntos de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio como movimiento.